Lo nuevo de Benjamin Alire 

El nuevo libro de Benjamin Alire, the inexplicable logic of my life, ya tiene fecha de lanzamiento. 

Benjamin Alire Saenz es el genio detrás del libro “Aristóteles y Dante descubren los secretos del universo”. Ganador de un printz a la literatura joven y un stonewall book award (premio entregado por la comunidad LGBT).  A todos nos fascinó con la historia sobre dos mejores amigos que descubren su identidad en la tormentosa etapa de la adolescencia y con los tipicos dramas familiares. Para dejarnos con la boca abierta en el final y pensando: no ví eso venir.

Casi 5 años despues de publicar esta maravillosa historia, el autor vuelve con una nueva obra titulada, The inexplicable logic of my life (La inexplicable lógica de mi vida). Una novela tennager que se sitúa, nuevamente, en El paso y gira en torno a Salvador, un adolescente que intenta entender que significa y deja de significar el ser adoptado.

Como sabemos que estas igual de emocionado que nosotras por esta nueva historia y no puedes esperar hasta el 7 de marzo de 2017, fecha en que será lanzado el libro en EEUU, te traemos un extracto traducido del primer capitulo. (Si usan la traducción, por favor den los creditos)

Capitulo 1

La vida comienza

Nubes negras se reunían en el cielo y había un indicio de lluvia en el aire de la mañana. Sentía la fria briza en mi cara mientras salía por la puerta. El verano había sido largo y perezoso, lleno de calorusos dias sin lluvia.

Esos dias de verano ya habían terminado.

El primer día de clases. Último año. Siempre me había preguntado como sería ser de ultimo año. Y ahora estaba por descubrir todo sobre lo que me había estado preguntando. La vida estaba comenzando. Esa era la historia segun Sam, mi mejor amiga. Ella sabía todo. Cuando tenías una mejor amiga que sabía todo, te ahorrabas mucho trabajo. Si tenías una pregunta sobre cualquier cosa, todo lo que tenías que hacer era ir hacia ella y preguntar. Ella te daría toda la información que necesitaras. No es que la vida fuera sobre información.

Sam, ella era inteligente como el infierno. Y sabía cosas. Montones y montones de cosas. Ella ademas sentía cosas. Oh, hombre, Sam podía sentir. A veces creía que ella hacía todo lo de pensar, sentir y vivir por los dos.

Sam sabía quien era Sam.

¿Yo? Supongo que no estaba siempre seguro. Y qué si a veces Sam era una exhibicionista emocional, subiendo y bajando todo el tiempo. Ella podía ser una tormenta. Pero ella podía ser una suave vela alumbrando una habitaciom a oscuras. Asi que, qué si a veces me volvía un poco loco.  Todo eso -sus cosas emocionales, constantes cambios de animo y tonos de voz- la hacían parecer tan increíblemente viva.

Yo era una historia diferente. Me mantenía en  verificación. Supongo que tenía esa cosa del control en mi. Me gustaba mantenerlo en calma. Pero algunas veces sentía como si no estuviera viviendo del todo. Tal vez necesitaba a Sam, porque estar a su alrededor me hacía sentir más vivo. Quizas no tenía lógica, pero tal vez esa cosa que llamabamos lógica estaba sobrevalorada.

Así que en el primer día de clases, que se suponía fuera el comienzo de nuestras vidas, iba hablando conmigo camino a casa de Sam. Caminábamos al colegio juntos todos los días. No autos para nosotros. Mierda. A papá le gustaba recordarme que no necesitaba un auto. “Tienes piernas, o no?” Amaba a mi papá, pero no siempre apreciaba su sentido del humor. Textié a Sam mientras alcanzaba su puerta principal: Estoy aquí! No me contestó.

Me quedé esperando. Y, tú sabes, tenía ese extraño sentimiento de que las cosas no iban a ser las mismas. Sam llamaba a los sentimientos, premoniciones. Decía que no debíamos confiar en ellos. Ella consultó a una lectora de manos cuando estabamos en noveno grado, y se volvió una cínica instantánea. Sin embargo, ese sentimiento me agitaba, porque quería que las cosas siguieran igual -Me gustaba mi vida justo como era. Si las cosas pudieran ser siempre como eran ahora. Si sólo. Y, tú sabes, no me gustaba tener estas pequeñas conversaciones conmigo- y no la estaría teniendo si Sam sólo tuviera sentido del tiempo. Sabía en que estaba. Zapatos. Sam nunca podía decidirse con los zapatos. Y desde que era el primer día de clases, en serio importaba. Sam. Sam y su relacion con los zapatos.

Finalmente salió de la casa mientras texteaba a Fito. Sus dramas eran diferentes a los de Sam. Nunca tuve que vivir en el tipo de caos que Fito soportaba cada día de su vida, pero creía que lo estaba haciendo bastante bien.

“Hola”, dijo Sam mientras por fin salía de su casa. Ella estaba obviando el hecho de que estaba parado esperando. Estaba usando un vestido azul. Su mochila combinaba con su vestido y sus aros coldando en la suave briza. ¿ y sus zapatos? Sandalias ¿Sandalias? ¿Esperé todo este tiempo por un par de sandalias que compró en Target?

“Grandioso día” ella dijo, toda sonrisas y entusiasmo.

“¿Sandalias?” Dije. “¿Por eso estaba esperando?”

Ella no iba a dejarme derribarla en su juego. “Son perfectas.”Me dió otra sonrisa y me besó en la mejilla.

“¿Para qué fue eso?”

“Para la suerte. Último año.”

“Último año. ¿Y luego qué?”

“¡La universidad!”

“No saques esa palabra otra vez. Es de todo lo que hemos hablado en el verano.”

“Error. Es de todo lo que he hablado. Tú estabas un poco ausente durante esas discusiones.”

“¿Discusiones? ¿Eso es lo que eran? Creí que eran monólogos.”

“Supéralo. ¡La universidad! ¡Vida, bebé!” Hizo un puño y lo mantuvo alto en el aire.

“Si. Vida” dije.

Me dio una de sus miradas de Sam. “Primer dia. Vamos a patear traseros.”

Nos sonreímos. Y luego ibamos en camino. Para comenzar a vivir.

El primer día de clases fue completamente olvidable. Usualmente me gusta el primer día -todos usando sus nuevas tenidas y sonrisas de optimismo, todos los buenos pensamientos en nuestras cabezas, todas las buenas actitudes flotando como globos de gas en un desfile, y los slogans de manifestaciones de energía ¡Hagamos de este el mejor de los años! Los profesores sólo nos decían cómo estaba en nosotros el escalar el camino al éxito como esperanza de que pudieramos en realidad motivarnos a aprender algo. Tal vez solo intentaban llegar a nosotros para modificar nuestro comportamiento. Aceptémoslo, mucho de nuestro comportamiento necesitaba ser modificado. Sam decía que el noventa porciento de los estudiantes de la escuela secundaria del El Paso necesitaban terapía para mejorar su comportamiento.

Este año yo sólo no estaba para toda esta experiencia del primer día. Nope. Y luego, obviamente, Ali Gomez se sentó delante de mi en Ingles avanzado por tercer año seguido. Si, Ali, una sobrante de años pasados a quien le gustaba coquetear conmigo con la esperanza de que la ayudara con su tarea. Como si la fuera a hacer por ella. Como si eso fuera a pasar. No tenía idea cómo lo habia hecho para entrar en clases avanzadas. Ella era la prueba viviente de que nuestro sistema educacional era cuestionable. Si, primer día de clases. Ol-vi-da-ble.

Excepto que Fito no apareció. Me preocupaba por ese chico.

Conocí a la madre de Fito solo una vez, y ella no parecía como si realmente viviera en este planeta. Todos sus hermanos mayores habían dejado el colegio a favor de sustancias que alteran el humor, siguiendo los pasos de su madre. Cuando conocí a su madre, sus ojos  estaban inyectados en sangre y vidriosos, y su pelo estaba todo fibroso y olía mal. Fito había estado avergonzado como el infierno. Pobre chico. Fito. Okay, la cosa conmigo es que me preocupaba. Odiaba eso de mi.

Sam y yo caminabamos de vuelta a nuestras casas luego de nuestro olvidable primer día de clases. Parecía que iba a llover, y como a la mayoría de las ratas del desierto, yo amaba la lluvia. “El viento huele bien”, le dije.

“No me estas escuchando”, me dijo. Estaba acostumbrado a ese tono estoy-enojada-contigo, que a veces tomaba conmigo. Ha estado dando vueltas sobre los colibríes. Ella era todo sobre los colibríes. Incluso tenía una polera con un colibrí. Sam y sus fases. “Sus corazones palpitan hasta mil doscientos sesenta latidos por minuto”.

Sonreí.

“Te estás burlando de mi”, dijo.

“No me estaba burlando de ti”, dije. “Solo estaba sonriendo”.

“Conozco todas tus sonrisas”, contestó. “Esa es tu sonrisa de burla, Sally”. Sam comenzó a llamarme Sally en séptimo grado, porque incluso cuando le gustaba mi nombre, Salvador, ella creía que era mucho para un chico como yo. “Comenzaré a llamarte Salvador cuando te vuelvas un hombre -y bebé, estás muy lejos de eso”. Sam, ella definitivamente no iba por Sal,  que era como todos me llamaban -excepto mi papá, que me llamaba Salvie. Asi que ella tomó el habito de llamarme Sally. Lo odiaba. ¿Qué chico normal quería que lo llamaran Sally? (No es que yo fuera por lo normal.) Mira, tu no puedes decirle a Sam que no haga algo. Si le dices que no lo haga, el noventa y siete porciento del tiempo lo hará. Nadie podía subestimar a Sam. Ella sólo me daba esa mirada que decía que tendría que superarlo. Así que, para Sam, yo era Sally.

Ahí fue cuando comencé a llamarla Sammy.

Todos tenían que encontrar una forma de igualar el puntaje.

Así que, como sea, ella me estaba dando los datos confidenciales de las estadisticas de colibríes. Estaba comenzando a enojarse conmigo y a acusarme de no tomarla en serio. Sam odiaba ser ignorada. Una mujer de esencia vive allí. Ella tenía eso pegado en su casillero del colegio. Creo que ella se quedaba despierta por la noche pensando en lemas. La parte de esencia, bueno, lo entendía. Sam no era exactamente superficial. Pero me gustaba recordarle que si yo estaba muy lejos de ser un hombre, ella estaba incluso más lejos de ser una mujer. No le gustaba mi pequeño recordatorio. Entendía esa mirada de cállate.

Mientras ibamos caminando ella seguía con los colibríes y luego retandome sobre mi inhabilidad crónica de escucharla. Y yo pensaba, Hombre, cuando Sam sigue, en serio sigue. Quiero decir, ella  en serio estaba saltando hacia mi mierda. Finalmente tuve -Quiero decir tuve – que interrumpirla. “¿Por qué siempre tienes que pelear conmigo, Sammy? Mira, no me estoy burlando.  Y no es como si no supieras que no soy exactamente un chico de números. Yo y números igual a no bueno. Cuando me das estadisticas, mis ojos se ponen vidriosos”.

Como a mi papá  le gustaba decir, Sam no desistía. Ella comenzó de nuevo, pero esta vez no fui yo quien la interrumpí -Fue Enrique Infante. Tuvo que venir detrás de nosotros mientras Sam y yo caminábamos. Y de repente saltó enfrente de mi y estaba en mi cara. Me miró directamente, empujo sus dedos en mi pecho, y dijo, “tu papá es un maricón.”

Algo pasó dentro de mi. Una enorme e incontrolable ola me atravezó y chocó con la orilla que era mi corazón. De repente perdí mi habilidad de usar palabras, y no sé, nunca había estado tan enojado y no sabía realmente que estaba pasando, porque el enojo no era normal en mi. Fue como si, el Sal que conocía, se hubiera ido y otro Sal entrara en mi cuerpo y lo controlara. Recuerdo sentir el dolor en mi propio puño justo despues de golpear la cara de Enrique Infante. Todo sucedió en un instante, como un destello de luz, solo que la luz no venía del cielo, venía de algun lugar dentro de mi. Ver todo ese torrente de sangre saliendo de la nariz del chico me hizo sentir vivo. Lo hizo. Esa es la verdad. Y eso me asustaba.

Tenía algo dentro de mi que me asustaba.

La siguiente cosa que recordé fue estar mirando hacia abajo a Enrique mientras yacía en el suelo. Era mi yo calmado otra vez -bueno, no calmado, pero al menos podía hablar. Y dije, “Mi papá es un hombre. Él tiene un nombre. Su nombre es Vicente. Asi que si quieres llamarlo de alguna manera, llámalo por su nombre. Y el no es un maricón.”

Sam sólo me miraba. La miré de vuelta.

“Bueno, esto es nuevo”, Ella dijo. “¿Qué le pasó a ese chico bueno? Nunca supe que estuviera en ti lo de golpear a un chico.”

“Yo tampoco”, dije.

Sam me sonrió. Era un tipo de sonrisa extraña.

Miré a Enrique. Intenté ayudarlo a pararse, pero no necesitaba nada de eso. “Andate a la mierda”, dijo mientras se levantaba del suelo.

Sam y yo lo miramos mientras se iba.

Se dió vuelta y me sacó el dedo del medio.

Yo estaba un poco aturdido. Mire a Sam. “Tal vez no siempre sabemos que tenemos en nosotros.”

“Cierto. Eso”, dijo Sam. “Creo que hay muchas cosas que encuentran escondites en nuestros cuerpos.”

“Tal vez esas cosas deberían mantenerse escondidas”, dije.

Lentamente hicimos nuestro camino a casa. Sam y yo no dijimos nada por un largo rato, y ese silencio entre nosotros era definitivamente inquietante. Entonces finalmente Sam dijo, “buena forma de comenzar el ultimo año.”

Ahí es cuando comencé a tiritar.

“Oye,  oye”, dijo ella. “¿No te dije esta mañana que deberíamos golpear algunos traseros?”

“Chistosa”, dije.

“Mira, Sally, él se merece lo que recibió.” Me dio una de sus sonrisas. Una de sus sonrisas tomalo-con-calma. “Bueno, bueno, asi que no deberías ir por ahí golpeando a la gente. No bueno. Quizás  hay un chico malo dentro de ti esperando por salir.”

“Nah, de ninguna forma.” Me dije que había tenido este realmente extraño momento. Pero algo me dijo que ella tenía razón. O la mitad de la razón, de algun forma. Inquieto. Así es como me sentía. Tal vez Sam tenía razon sobre las cosas escondiendose dentro de nosotros. ¿Cuántas cosas más se estaban escondiendo ahí?

Caminamos el resto del viaje a casa en silencio. Cuando estabamos cerca de su casa, ella dijo, “Vamos al circulo K, te compraré una coca.” A veces tomaba coca. Algo asi como la bebida de consuelo.

Nos sentamos en el bordillo y tomamos nuestras bebidas.

Cuando dejé a Sam en su casa me abrazó. “Todo estará bien, Sally.”

“Sabes que llamarán a mi papá.”

“Si, pero el señor V es guay.” El señor V. Así es como Sam llamaba a mi papá.

“Si”, dije. “Pero resulta que el señor V es mi papá- y un papá es un papá.”

Todo va a estar bien, Sally.”

“Si.” Dije. A veces estaba lleno de poco entusiastas sies. 

Mientras caminaba a casa, imaginé el odio en la cara de Enrique Infante. Aún podía oír maricón zumbando en mis oidos.

Mi papá. Mi papá no era esa palabra.

Él nunca sería esa palabra. Jamás.

Entonces un fuerte estallido de truenos -y la lluvia comenzó a caer.

No podía ver nada delante mío ademas de la tormenta rodeándome. Seguí caminando, mi cabeza gacha.

Sólo seguí caminando.

Sentí la pesadez de mi ropa empapada por la lluvia. Y por primera vez en mi vida, me sentí solo.

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